A T A S C O
El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, pero en el caso de los españoles, no es una ni dos ni tres veces, sino todas, día que pasamos por allí, día que nos tragamos la misma piedra.
Cualquier persona que viva en “Madriz” debería de saber hace tiempo unas cuantas cosas sobre esta ciudad, la primera la M30 y la M40 están atascadas todos los días a partir de las 7:15 - 7:30 hasta las 10 mas o menos, la segunda, intentar aparcar en el centro es completamente improductivo, pues las dos opciones son caras, o bien pagas el estacionamiento limitado o bien pagas el parking, la tercera es que en verano, las carreteras hacia las urbanizaciones periféricas estarán atascadas el viernes por la tarde para ir y el domingo para volver y la cuarta y no por eso menos importante, es que donde mejor se pasa un puente es en la ciudad.
Este fin de semana (3 días) los madrileños y madrileñas huyeron despavoridos a la costa levantina así como a otros destinos, horas y horas de atascos a la salida de la ciudad eran la crónica anunciada de 3 días de estupidez concentrada, para colmo, la costa también esta saturada y con mas atascos lo que hace que el comienzo de esas minivacaciones se convierta en una jornada mas al volante, con su mala leche, su estrés y sus cabreos correspondientes, osea, otra jornada de esas a las que están acostumbrados los aficionados a las mañanas de la M30.
Tras un fin de semana donde los atascos se mudan al ambiente playero, pues hasta los atascos tienen derecho a unas merecidas vacaciones, el ultimo día el ser humano, en su tremenda sabiduría, vuelve a la ciudad, con esa estúpida idea de salimos a tal o cual hora para no pillar atasco, no obstante, en estos casos, es poco importante la hora de salida cuando los atascos duran mas de 10 horas.
Esta claro, que en verano, así como en los puentes, lo mejor es quedarse en la ciudad, esta completamente vacía, al fin puedes ir a los sitios en coche, pues no hay 300 coches buscando hueco al mismo tiempo y los cines, teatros, restaurantes y otros sitios que normalmente están masificados, están sensiblemente menos abarrotados.
Este año la oferta pasa por ver espectáculos como el ballet de Julio Bocca durante los días 25, 26, 27 y 28 de agosto en el Centro cultural Conde Duque, siendo relativamente fácil conseguir una entrada que, en cualquier otra momento, supondría un reto para la paciencia, haciendo cola o una catástrofe para el bolsillo, comparándola en la reventa.
Por eso, creo que el que prueba lo de disfrutar de la ciudad en verano y tomar las vacaciones en otoño-invierno no solo no sufrimos esos tremendos atascos, sino que por una vez al año disfrutamos de nuestra ciudad y disfrutamos de las mejores ofertas de viajes.
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Es curioso el tema del tráfico como exponente de las tendencias del Homo Borregus Borregus. He trabajado durante dos años en la nunca suficientemente denostada Dirección General de Tráfico. Como equivalente invernal del fenómeno al que hacéis referencia en esta entrada, periódicamente caía un temporal de nieve e inexorablemente quedaban miles de conductores atrapados en el susodicho. Lo que naturalmente motivaba a la oposición de turno a lanzar los consiguientes dardos envenenados, como certeramente apuntáis en Observatorio político de España.
Lo más curioso era comprobar cómo la población se unía al linchamiento institucional y echaba todas las culpas de sus males a la DGT.
Y yo pienso: hasta donde llego, si en una playa se coloca bien visible la bandera roja y varios zopencos se tiran al agua y se ahogan, a nadie se le ocurre echar la culpa a los socorristas o al Ayuntamiento (salvo la oposición municipal, claro). Pues con respecto a la DGT, no importaba cuántos avisos y recomendaciones de no salir a la carretera se lanzaran: la gente salía –sin cadenas, por supuesto–, la gente se quedaba atascada en la nieve y la gente montaba en cólera.
Me hizo especial gracia el comentario de una indignada conductora: “Claro que he escuchado las advertencias, pero tengo que pasar las Navidades con mi familia”. No logro adivinar qué clase de cataclismo nuclear sería necesario para privar a esta buena mujer de sus reuniones anuales con odiosos familiares, el atracón de marisco del Día, los chistes guarros del cuñado de turno y las casposas veladas de programación televisiva navideña.