Ratzinger y sus teorías
A estas alturas de la película ya no resulta sorprendente que, de vez en cuando, algún representante de la curia romana se desmarque con un exabrupto. Esta vez le ha tocado al más alto de todos ellos, a Susan.
Ratzinger ha visitado Colonia y, entre los compromisos establecidos, se incluía la visita a una sinagoga. No se sabe si el viejo Joseph se ha acojonado ante la visión de tanta kipa junta o ante los rostros que había debajo, algunos probablemente marcados por una velada expresión de hostilidad (quizá por cosas como ésta o ésta). O a lo mejor se lo tenía preparado al salir del hotel. El caso es que, con el fin de congratularse con la difícil audiencia, nos ha obsequiado con la siguiente genialidad:
“En el siglo XX, en el tiempo más oscuro de la historia alemana y europea, una demencial ideología racista, de matriz neopagana, dio origen al intento, planeado y realizado sistemáticamente por el régimen, de exterminar el judaísmo europeo […]”
Grandioso. Nada menos que “el tiempo más oscuro”, refiriéndose al siglo pasado (algunas cosas hay que repetirlas, porque la primera vez no acabas de creértelas). Para Susan, pues, no han tenido ninguna importancia los largos períodos de terror medievales, quizá porque el dolor y la tortura estaban auspiciados por las autoridades vaticanas. Tampoco las épocas anteriores hasta la prehistoria, marcadas por la ley del más fuerte y donde la más nimia falta era castigada con el tormento y/o la pena capital.
Aun con el negro recuerdo del genocidio judío, las guerras siempre inacabables y el hecho de que dos terceras partes de la humanidad aún vivan y mueran como hace quinientos años, el siglo XX será recordado como el del reconocimiento de la igualdad de la mujer, de los derechos de los niños y de la equiparación de las razas, de la conquista de unas condiciones laborales que se distinguen un poquito del esclavismo; en resumen, el de la firma de los Derechos Humanos, algo que ni se concebía en esas épocas que Ratzinger considera tan maravillosas.
Claro que, posiblemente influya en esa calificación el “neopaganismo” al que entre líneas ha hecho referencia. Sí, va a ser eso. Estamos sin duda ante una época espantosa: la pérdida de los valores morales y religiosos está haciendo multiplicar toda la mala hierba de la sociedad, como los ateos, los socialistas, los homosexuales y demás engendros de Baal Zabut.
En fin, Ratzinger: siguiendo la estela de su predecesor.
Al hilo del tema, y queriendo batir el record de la redacción cafre del año, nos encontramos con los informativos de Tele5, la cadena amiga. Quizá influido por una sobredosis de peyote o simplemente manifestando los síntomas de una parálisis cerebral irreversible, al redactor o redactora del telediario del mediodía no se le ha ocurrido mejor idea para definir a Alemania que llamarla “el país del nazismo” (sic).
Yo me pregunto qué habría pasado en el caso contrario, si una personalidad notoria hubiera visitado España y un rotativo germano nos hubiese calificado como “el país de la Inquisición”. A la vista de la movida diplomática que se armó con la gilipollez del himno de Riego durante aquel partido de tenis en Australia, digo yo que a estas alturas ya estaríamos pidiendo la cabeza de Schröder, de Michael Schumacher y de Sissi, la emperatriz de Baviera (aunque esté un poquito muerta).
Afortunadamente, parece ser que los alemanes gozan del sentido del humor y la paciencia necesarios para ser condescendientes con las barrabasadas de un retrasado mental –otro más– de la prensa española.
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