31/10/2005

Reformas

Clasificado bajo: GeneralRaúl |

Lo peor de todo es que ha salido niña. Porque de haber sido hombre, quizá el Gobierno podría olvidarse de sus intenciones de reformar la Constitución, como ha pasado con alguna que otra promesa sobre vivienda. Pero ahora no hay escapatoria.

Los que hemos opositado nos sabemos bien el tema. Para modificar determinados aspectos de la Constitución que se han considerado importantes, hace falta un procedimiento especialísimo: el descrito en el artículo 168, que podéis consultar aquí y que a grandes rasgos consiste en:

― Aprobar por mayoría de dos tercios en ambas cámaras.
― Disolver las cortes (lo que conlleva elecciones generales).
― Nueva aprobación por dos tercios en Senado y Congreso.
― Referéndum.

Nada más y nada menos. Y todo porque a los incapaces de nuestros constituyentes les dio por incluir el título referente a la Corona entre los importantes. Todo porque, en plena transición a un nuevo milenio, no se les ocurrió mejor idea que incluir una ley medieval (la Sálica) en el artículo 57.1 de la Carta Magna.

Así que ahora tenemos que enfrentarnos a un proceso de altísimo coste tanto político como económico, sólo para que esa figura decorativa que es el trono pueda recaer en Leonor antes que en uno de sus múltiples hermanitos pequeños (los que están por caer). ¿Qué alternativas podemos proponer los ciudadanos? A mí se me ocurren:

A. Que nuestros constituyentes, o al menos el sector que forzó tales redacciones ―y no me cuesta imaginar cuál fue―, carguen con todos los gastos consecuencia de su irresponsable conducta. Pero esto se antoja complicado, no sólo por su más que probable falta de liquidez para afrontar tamaño estipendio, sino porque habría que crear una nueva figura en el Código Penal: la del inútil. Y eso podría desarbolar de altos cargos este país.

B. Buscar las vueltas al asunto para que la reforma se tramitara por el procedimiento normal, bastante menos lioso. No es algo imposible ―hace tiempo lei una columna en El País que explicaba el método― y dudo que alguien protestara.

C. Dejar la Ley Sálica tal y como está, y destinar los costes que acarrearía la reforma a financiar residencias y atención a mujeres maltratadas. Ni las feministas más radicales se opondrían a tal medida. Seríamos vergüenza y hazmerreir del resto del mundo, pero no mucho más que ahora…

D. Esperar a alguna otra reforma importante (¿el estatut?) para colar lo de la sucesión. O mejor aún: aprovechar para darle un repaso a algunos temas discutibles de la Carta Magna, como por ejemplo:

― Eliminar el cuarto párrafo del artículo 20. La libertad de expresión no debería tener límites ni supeditarse a ningún interés, tal y como está redactada en la Declaración Universal de Derechos Humanos.

― Añadir excepciones al artículo 18 (el que se refiere a la intimidad y a la privacidad), de tal forma que la grabación en vídeo de un delito en el domicilio sea válida como prueba ante un tribunal. La lucha contra el más sangriento de los terrorismos (el doméstico) lo merece.

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