Muñecas rotas
Un curioso análisis de la universidad británica de Bath afirma que las famosas muñecas barbie, lejos de provocar la adoración que pretende reflejar la mercadotecnia de su empresa fabricante, dan pie justo al efecto contrario. Según los responsables del estudio, las anoréxicas figuritas son objeto de los más sofisticados suplicios: desollamiento, decapitación, quemado, mutilación, etc. Los analistas restan gravedad al asunto, aduciendo que se trata de una agresión a un objeto inanimado, un mero ritual de aprobación.
El pasado día 15, en Barcelona, tuvo lugar otra de estas ceremonias de paso a la edad adulta. Unos niños, algo más creciditos, salieron en busca de las muñecas que sus padres de alta categoría social les habían comprado. Y no tardaron en encontrar a la adecuada: un objeto inanimado herido por la precariedad laboral, por la falta de oportunidades sociales y por la ley del más fuerte de la filosofía del capital, de la que aquellos niños eran directos discípulos.
Al igual que la barbie, aquella muñeca estaba delgada; pero no por la anorexia de sus diseñadores, sino por el hambre no escogida. Y el escenario del ritual no podía ser más adecuado: un banco, el icono por excelencia de su posición dominante.
Y he aquí que los niños procedieron a superar su infancia de plástico infringiendo toda suerte de torturas a ese objeto inanimado de carne, que sin duda despertaba en ellos una irreprimible reacción de odio y violencia. Acabada la ceremonia, volvieron en un par de Audi A3 a sus respectivos chalets de Sarrià-Sant Gervasi, listos para afrontar una etapa adulta en la que se repetirían ―ya carentes de emoción, marcados por la fría cotidianeidad― los actos de destrucción de los objetos inanimados: obreros subcontratados, población civil iraquí, enfermos de SIDA muertos por las patentes farmacéuticas, víctimas de grupos paramilitares financiados por las multinacionales y un largo etcétera.
Esto es demostrativo de la importancia de la educación correctamente enfocada desde la más tierna infancia. Si no enseñamos a nuestros vástagos a despreciar la figura humana, ¿cómo se convertirán en el futuro en unos dignos representantes del capital?
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Los castigos ejemplares merecidos por estos delincuentes serán los que marquen los jueces amiguitos de sus padres, que básicamente serán abucheo, pataleo y liberación para que puedan seguir haciendo lo mismo que hacen sus padres, que como bien dices, es lo mismo que han hecho ellos pero con sus facilidades legales y comerciales detrás.